Restaurante para comer a oscuras?

Comer a oscuras, sin saber qué encontrará en su plato: ¿lo haría usted de manera voluntaria? Para muchos es una idea extraña. Sin embargo, en Europa aumenta el número de restaurantes donde se come en absoluta oscuridad y los meseros son ciegos y funcionan como guías.

Por pura curiosidad decidí ir al restaurante “Dans Le Noir?” en Londres. Es una experiencia que rompe con todo lo que yo conocía.
Carl, el guía ciego, nos pone en fila india con las manos en los hombros del otro, y así nos conduce al restaurante que está en completa oscuridad. La sala está llena de una cacofonía de voces y risas. Carl me conduce a una mesa grande donde se sientan otros comensales. En el instante en que dice “vuelvo enseguida”, caigo en una desorientación total.
Espero a que mis ojos se adapten a la oscuridad. No ocurre. Felizmente, Carl vuelve con un vaso de vino, que agarro como si fuera un salvavidas. El guía me presenta a mis vecinos de ambos lados, y pronto entablamos una animada conversación.
Después de unos minutos, Carl vuelve con mi plato: de las cuatro opciones había escogido el “menú rojo” (carne).
Espero que Carl me explique un poco como funciona, pero sólo dice: “La única regla es que se puede comer con los dedos”. Y se aleja en la oscuridad.

La capa de la oscuridad

Por unos minutos, trato de explorar mi plato y la textura de la comida con el tenedor. Pronto pierdo la paciencia. Como nadie puede verme, me pongo a comer con los dedos sin vergüenza. ¿Será porque tengo mucha hambre y no puedo ver, que el sabor es tan rico?
Vuelve Carl y pregunta si todo está bien. De pronto me doy cuenta que, de hecho, me siento bastante cómoda bajo la capa de oscuridad. En una esquina del restaurante, un grupo se pone a cantar Cumpleaños Feliz, y me descubro cantando con ellos a plena voz.

Relación invertida

Según el gerente del local, Dominique Raclin, el objetivo principal del restaurante es demostrar que no hace falta crear puestos de trabajo específicos para discapacitados. Muy al contrario, esta iniciativa aprovecha sus capacidades en lugar de enfatizar sus limitaciones.
Este énfasis en sus capacidades invierte la relación entre videntes y ciegos: en “Dans Le Noir?”, son los ciegos quienes guían a los videntes, y son los videntes los que dependen de sus prójimos ciegos. Me asombra la seguridad con la que los guías se mueven en la oscuridad.
Dominique cuenta que para muchos guías, el restaurante “funciona como un trampolín”. La sensación de liderar a otros les da la confianza para trabajar en otros entornos. Por ejemplo, una de las guías se fue a trabajar en un programa de televisión para niños, y otro ahora es Disc Jockey.
Hablo con Ashar, un joven de 18 años que ya lleva un año y medio trabajando en el restaurante. El próximo año, irá a la universidad para estudiar música.
También toca en una banda. Si tendría la misma confianza sin su trabajo en el restaurante, no lo sabemos. En cualquier caso, se le ve muy confiado en su papel de guía.
Aunque el proyecto no es de beneficencia, y se trata de un negocio con fines de lucro, el restaurante dona el 10% de sus beneficios a organizaciones benéficas para ciegos. Tal vez esta es la clave de su éxito: no es una cuestión de caridad, sino de establecer relaciones equilibradas entre ciegos y videntes.
La mayoría de los clientes son videntes, o bien ciegos que llevan a sus familia y amigos para compartir la experiencia.

Rompiendo fronteras

La sensación de desorientación y completa dependencia del guía, un perfecto extraño, es una experiencia muy inquietante. La única opción es la confianza ciega en él. Probablemente es comparable con lo que un ciego experimenta en lugares públicos como, por ejemplo, el metro.
Este es exactamente el objetivo del restaurante: romper las fronteras entre ciegos y videntes. Pero también los límites entre caridad y negocio, y de los clientes entre sí. Saliendo de la oscuridad, uno puede hablar un poco más con su guía, averiguar qué es lo que comió y descubrir cómo se ve ese vecino de la risa contagiosa. Entonces me enteré de que mis vecinos me hablaron tanto porque les daba pena que estuviera acompañada de alguien tan callado. No sabían que había ido sola.
Soy un soñador y en mis sueños creo que un mundo mejor es posible, que nadie sabe más que nadie, todos aprendemos de todos. Me encanta la gastronomía, los números, enseñar y compartir todo lo poco que sé, porque al compartir también aprendo. "Vayamos todos juntos de los cimientos al éxito"
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